16 ene. 2013

Entre la noche y el día / Between night and day, de Bernardo Arellano

Por Francisco Peña.

“No me hagas encabronar y límpialo”.
Diálogo agresivo de Daniel dirigido a Francisco.

Las particularidades que marcan el film Entre la Noche y el Día lo convierten en algo especial dentro del cine mexicano actual. Por una parte esta la historia misma que expone; por otra, su factura, las circunstancias mismas de su producción.



I. La Historia
La historia de Entre la Noche y el Día se centra alrededor de Francisco Cruz, una persona con discapacidad intelectual inmersa en una sociedad adversa e indiferente, en especial su familia. Su discapacidad –autismo-, su edad –alrededor de 50 años- y su medio social lo convierten en un personaje emblemático alrededor del cual convergen múltiples situaciones cotidianas de discriminación.



Francisco vive con uno de sus hermanos, Víctor, su esposa y su sobrino Bruno. Su rutina diaria es la misma y sus pequeños placeres (un ratón como mascota, pequeños objetos que le son significativos), aún los más sencillos, están controlados y censurados por sus parientes. La sociedad lo considera improductivo, lo margina económicamente, y cualquier iniciativa suya es coartada por sus parientes.

En especial su cuñada muestra sus propios prejuicios. Le adjudica a Francisco ciertas actividades no porque sean las que puede ejecutar, sino porque ella misma las considera bajas y denigrantes. Y aquí se entrecruzan las situaciones de discriminación del personaje con las que viven las trabajadoras del hogar: Francisco lava platos, barre, hace mandados, vive en el peor cuarto de la casa en las peores condiciones incluso higiénicas. Cualquier semejanza con la vida de las trabajadoras del hogar NO es mera coincidencia; muchas personas con discapacidad y trabajadoras domésticas comparten una percepción negativa por parte de ciertos sectores sociales, percepción que se manifiesta en actos concretos de discriminación como denigración de su trabajo y condiciones de vida.



A pesar de su diligencia Francisco sufre un rechazo constante. La situación se hace insostenible y su hermano y sobrino ceden a las presiones de la mujer que no lo soporta. El rechazo familiar se expande en círculos concéntricos: no sólo no saben qué hacer con él sino que estorba, es objeto de violencia contenida o abierta: es una papa caliente cuya sola presencia cuestiona la moral de quienes lo rodean. Esto está muy bien representado en el guión en la figura de su sobrino, quien primero lo presiona y se burla para, posteriormente, arrepentirse al ver el trato que le dan sus padres y su tía… aunque no hace nada por mejorar la situación de Francisco.

El “estorbo” humano es “rolado” al interior de la familia porque nadie quiere hacerse responsable de él como ser humano. Toca el turno a su hermana Gabriela que vive en concubinato de cuatro años con un hombre violento: Daniel. El machismo de este hombre es evidente con sus comentarios, ya que aclara desde el inicio que no hará nada por “cuidar” a Francisco. Gabriela (Arcelia Ramírez en una actuación minimalista y de emociones contenidas) sabe que su relación peligra por la presencia de Francisco y se ve “obligada” a llevarse a su hermano a su trabajo; además, repite la acción de darle el peor cuarto de la casa en condiciones evidentes de pobreza. Las familias de sus dos hermanos ejercen una violencia pasiva sobre Francisco y el film hace evidente que su discriminación ni siquiera se ha racionalizado: no es una idea consciente sino una actitud constante.



La crueldad social que hasta ese momento ha mostrado el film también llega a un clímax. El proceso de la discriminación que muestra el film es claro y transparente y, como en la vida real, inicia con palabras y podría culminar en un crimen de odio. El acto discriminatorio soterrado se puede transformar en un acto discriminatorio violento, consciente, de gran humillación. Esto se muestra en la película cuando una noche Francisco despierta y va a la cocina de su hermana por un vaso de agua; en el pasillo se encuentra a Gabriela que va llorando y se mete a su cuarto. Al entrar a la cocina se encuentra con Daniel que bebe una cerveza a pico de botella. Francisco se sirve y al tratar de salir, Daniel arroja la botella al piso que se hace pedazos. Se acerca al rostro de Francisco y, en close up, le dice amenazante: “No me hagas encabronar y límpialo”. La agresión es abierta, la denigración evidente: la discriminación es violencia.

Una vez más Francisco tiene que barrer el piso como un símbolo de su humillación.



Así, el film muestra como para varios sectores de la sociedad el trabajo doméstico es considerado, en sí mismo, como una labor humillante, marginal, reservada para los grupos más discriminados: mujeres –en especial indígenas-, personas con discapacidad, niños… rodeados todos por una condición económica de pobreza.

Pero Entre la Noche y el Día es una película equilibrada, con una visión humanista y respetuosa. A lo largo de todas las circunstancias descritas Francisco ha mostrado una condición humana digna y noble: su discapacidad no lo priva de tener iniciativa personal y proyecto de vida propio aún en las peores dificultades. Es muy capaz de tomar sus propias decisiones y actuar.

En un recorrido con su hermana Gabriela, al pasar junto a un río le pregunta:
Francisco: Gaby, ¿ese río llega al bosque?
Gabriela: Sí.

Este diálogo prefigura la decisión de Francisco, que siempre percibe bien los actos de humillación de los que es objeto, en especial el último de la cerveza rota y el insulto “No me hagas encabronar y límpialo”. Su decisión: abandonar la casa de su hermana y buscar su propia vida. Huye por el curso del río (la pregunta implicaba que ya pensaba liberarse).



En el bosque se accidenta. Sin embargo, encuentra el apoyo que su familia le negó en un extraño que es Otro ser humano sensible. Ese Otro tiene empatía con Francisco porque comparte con él ciertos rasgos como la pobreza. Modesto Vélazquez es un adulto mayor, de condición humilde, que comparte lo poco que tiene pero… que vive en armonía con su medio rural y no tiene prejuicios. Muestra una sabiduría innata y alegría de vivir. Modesto, el Otro, por primera vez le ofrece a Francisco un entorno humano donde puede ser libre: hablar sin miedo, gozar placenteramente de un acto tan sencillo como bañarse en un río. En síntesis, ser él mismo sin sufrir discriminación.



En ese sentido, esta película plantea un tema difícil como es la existencia de las personas con discapacidad intelectual en una sociedad que no está preparada para convivir con ellas, no sólo no preparada sino que reacciona agresivamente ante su condición o es indiferente; en ambos casos se les oculta, se les invisibiliza y se les somete a las pequeñas humillaciones cotidianas que no sólo les niegan derechos sino que las desgastan existencialmente.

Sin embargo, Entre la Noche y el Día termina con una nota positiva conformada por dos caras de la misma moneda. Por un lado reinvidica a las personas con discapacidad como seres humanos, con sentimientos, iniciativas y capacidad para el placer; asimismo, muestra la existencia posible de Otro libre de prejuicios, que puede convivir con las personas con discapacidad de forma más sencilla y natural, sin paternalismos o sentimentalismos falsos, y que las acepta tal como son.

Ambos logros de este film, en lo relativo a su historia, no son nada despreciables como documento fílmico, que se coloca a contracorriente de los prejuicios sociales y a favor de la igualdad y el derecho a la no discriminación.



II. La factura cinematográfica
Para plasmar su historia, Bernardo Arellano utiliza los recursos fílmicos y cinematográficos de manera sobria y contenida, con el propósito de que la historia y su personaje pasen a pantalla de la forma más transparente posible.

Por ejemplo, la cotidianeidad –con su crueldad y/o solidaridad compuesta de pequeños actos acumulativos- tiene su correspondencia cinematográfica en el empleo de acciones simples pero significativas. Estas acciones simples se expresan a través de “tiempos muertos” y una edición acompasada sin grandes efectos.

Los “tiempos muertos” tan de moda en el cine mexicano “de arte y de vanguardia” (son la misma gata revolcada desde los cortos y primeras cintas de Arturo Ripstein de los 60), se caracterizan porque están “muertos” pero bien “muertos” desde la concepción artística e ideológica de muchos de estos cineastas. Es decir, el tiempo transcurre sin que ocurra nada de nada, y si tampoco hay movimiento –lo más anticinematográfico posible- “pues mejor”.

A diferencia de esta concepción mortuoria del cine que predomina en ciertos cenáculos de cineastas, Bernardo Arellano se opone de facto a la “rigor mortis” de esos “tiempos muertos”. Los suyos son “tiempos muertos” que sí están vivos. Una cosa es plasmar el paso de tiempo real en pantalla y otra asesinar al cine.



Arellano plantea para su personaje Francisco Cruz “tiempos muertos” llenos de movimiento interno: sean los personajes o la cámara o la naturaleza –el río, por ejemplo- pero siempre algo se mueve para atraer al ojo del espectador. Por lo tanto, esos “tiempos muertos” tienen movimientos y pequeñas acciones de Francisco Cruz, que se van acumulando en pequeñas dosis para transmitir los cambios internos de los personajes, su psicología y la conformación de los actos discriminatorios (la cerveza en el piso).

Sin embargo, cuando Arellano siente la necesidad de cambiar el ritmo y mostrar el caos, no tiene miedo en emplear la cámara en mano, con saltos incluidos, y una edición que refleja la agitación del personaje o su entorno.

En síntesis, tanto la actuación, la dirección de actores (en especial la de Francisco Cruz) como las herramientas fílmicas están manejadas con un enfoque minimalista, en un trabajo complejo y arduo. Pero todo está enfocado a que la forma cinematográfica ponga en el mismo plano estético al personaje de Francisco con los demás. Es el gran logro de Entre la Noche y el Día: poner en Igualdad Fílmica a la persona con discapacidad y al resto de los personajes, sin paternalismo en la imagen, sin concesión en el diálogo, aunque la historia muestre múltiples situaciones de discriminación.



III. La producción: la Igualdad detrás de cámaras
Entre la Noche y el Día también destaca por un elemento poco analizado: el ambiente de rodaje que da como consecuencia una buena película. A lo largo de las proyecciones privadas, de las conferencias de prensa y las participaciones en festivales nacionales e internacionales, se ha detectado que la relación entre Francisco Cruz, la producción al mando de April Shannon, la dirección de Bernardo Arellano y todo el staff involucrado se dio siempre en un plano de igualdad.

Francisco no fue tratado como “alguien especial” que requería de asistencia, sino que se le trató en las mismas circunstancias que al resto de los involucrados. Esto permitió que el gran trabajo de dirección actoral se diera en ambos sentidos entre Bernardo-Francisco-April, en una doble circulación que enriqueció el resultado final, para beneficio de los espectadores. El trabajo en ambas direcciones benefició a la película y cómo se percibe la realidad que plasma.



En ese sentido, las anécdotas detrás de cámaras con Francisco que platica la productora April Shannon nos hacen entender cómo, a partir de la igualdad en la convivencia del rodaje, se obtuvo una cinta que no idealiza ni crea una tragedia de la persona con discapacidad, sino que muestra una situación así como una posible solución. Este esfuerzo de la producción plasma en pantalla una dignidad y nobleza esenciales en Francisco, que de otra manera no hubiera sido posible, y se hubiera perdido en manos creativas menos eficaces y humanistas.

Asimismo, este logro de Igualdad Fílmica y Detrás de Cámaras lo perciben los espectadores. Es el caso de las familias que incluyen a un miembro con discapacidad intelectual que han asistido a las proyecciones de la cinta. Son estos familiares, que aceptan la corresponsabilidad que implica la presencia de estas personas con discapacidad en sus vidas, las que han hecho notar la cercanía emocional que les provoca la película y su valor intrínseco como documento. Pero también han remarcado la distancia entre sus familias –y las soluciones que han implementado- con la de Francisco en pantalla, caracterizada por la indiferencia, la crueldad o la impotencia.

Este eco social en los espectadores que conocen el tema permite prever que la audiencia común también puede involucrarse y captar el mensaje intelectual - emocional de la cinta, que como obra artística sólo pide un poco de paciencia y sensibilidad de su parte para que se logre la observación de la humanidad de Francisco Cruz.



En ese sentido, desde un enfoque de no discriminación, el abordaje del tema del autismo por parte del film ayuda a combatir el prejuicio social contra esta discapacidad, a visibilizar su existencia con una perspectiva que tiende a la inclusión. Tampoco son logros menores de la cinta… porque finalmente evidencia que, como señala Ricardo Bucio –presidente del Consejo Nacional para Prevenir la discriminación-, “la imposición de barreras a las personas con discapacidad proviene de la sociedad, no están presentes en las personas mismas”.

Así, sin tanto ruido, Entre la Noche y el Día marca una diferencia e innovación en el cine mexicano. La persona con discapacidad intelectual recibe un nuevo tratamiento fílmico. No es un logro menor el rescatar el respeto y plantear su derecho a la no discriminación para estos personajes. Es abrir camino cultural para que vivan realmente su derecho a la Igualdad, para ser tratados como seres humanos… exactamente como lo pedimos todos nosotros.


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