21 nov. 2012

Más allá de las colinas / Beyond the Hills, del cineasta rumano Christian Mungiu

Miguel Cane.



Voichita (Cosmina Stratan), que vive en un remoto monasterio ortodoxo, recibe la visita de Alina (Cristina Flutur), su amiga íntima de la infancia. Crecieron juntas en un orfanato y compartieron una relación muy cercana. Ahora, Alina vive y trabaja en Alemania, y regresa a Rumania con la esperanza de que Voichita regrese con ella. Pero ella ha encontrado la traquilidad y consuelo en su fe ortodoxa, allí entre sus hermanas compañeras y el Padre (Valeriu Andriuta), y está renuente a dejar el monasterio.



Christian Mungiu se toma su tiempo para sumergirnos cuidadosamente en los desolados alrededores del monasterio: una serie de edificios maltratados por el viento, escondidos en alguna parte de las colinas rumanas. No es un lugar acogedor, sin electricidad ni agua corriente, pero esta dureza está plasmada con una extraña belleza muda gracias a la experta cinematografía de Oleg Mutu, en pantalla ancha, que transforma todo el conjunto en algo cautivante.



Mungiu realiza la puesta en escena es, al mismo tiempo, fascinante y perturbadora: aún cuando los personajes apenas se mueven y la cámara está fija, siempre ocurren muchas cosas dentro del encuadre. No está interesado en deslumbrar al público con su capacidad artística; prefiere presentar momentos muy sencillos de sutil maestría cinemática, plasmados con un ritmo hipnótico que atrae completamente al espectador a ese mundo. También triunfa con brillantez en su selección de actrices. Flutur y Strata tienen actuaciones magníficas en su debut. Juntas tienen una gran química, y sus escenas nos hacen creer con facilidad que se han conocido durante toda su vida, si bien resultan aún más fuertes de manera individual. Flutur exhibe una intensidad cruda y feroz que es, por momentos, muy angustiante de ver. Stratan es el polo opuesto, con rasgos suaves, palabras susurrantes y emociones dulces, pero que igual afectan trágicamente el resultado.



También notable es el delicado equilibrio del mensaje del filme. La religión no se muestra exactamente bajo una luz halagüeña, pero la cinta tampoco es una condena. Lo mismo ocurre con las otras instituciones públicas burocráticas que se encuentran en el guión. Hay una gran zona gris que parece culpar del inevitable y horrendo –pero totalmente prevenible- final, no a un grupo o individuo sino, quizás, a la humanidad o a la sociedad moderna como un todo y esto es algo que nos hace como espectadores, no solo testigos, si no partícipes de la historia.

El filme, de una extraña hermosura, a lo largo de dos horas y media, consigue mantenerse ágil, donde sería muy fácil tropezar hacia el tedio. Las “memorias” hechas novela de Tatiana Niculescu Bran, encuentran una adaptación fiel y elegante: la prosa se traduce en imágenes sosegadas que se tornan poco a poco inquietantes y el resultado es demoledor. La New Wave rumana, de la que Mungiu es uno de los principales exponentes está viva y bien, y su atrevido juego, el mostrar una cara de Europa que habitualmente no llega a las pantallas de cine, es abrumador en su honestidad, que no deja a nadie indiferente.

Exhibida en el Festival de Gijón (España) y de Morelia (México).

Beyond the Hills, del cineasta rumano Christian Mungiu.

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