4 ago. 2012

La delicadeza / La délicatesse, de Stéphane y David Foenkinos.

Por Claudi Etcheverry.



Una pareja acaba de empezar una vida en común, aunque se conocen desde niños. A poco de empezar a estar juntos, ella queda sola tras un accidente de él en la calle, y la película da el giro que uno ya se imaginaba al empezar. Sin embargo, a veces una cinta previsible también es un gusto si los directores, como en este caso, la llevan sin prometer lo que no acaben por dar. La delicadeza, sin pretender ser una obra maestra, es una hora y media de buen cine, con dos personajes principales correctísimos en la piel de la Tautou –a la vez frágil e intensa como siempre– y un François Damiens que comunica bien y no se hace el sueco (para los amigos de México, “Hacerse el sueco” es hacerse el desentendido, en España) y convence en un equilibrio muy real entre un hombre muy hombre que no sabe cómo llevar adelante su deseo atenazado por su timidez. Al final, su inseguridad está causada por las “condiciones de mercado”, y no por su personalidad. No es un tipo al uso, y eso es precisamente lo que a ella le permite volver a salir a ver la vida, dándole la mano.



Una relación fresca y risible a partes iguales. En un momento, él dice una frase que es la clave de muchas relaciones de amor: “Con ella puedo ser la mejor versión de mí mismo”. ¿Cuántas veces hemos tenido gestos de amor en la intimidad que causarían gracia si los mostráramos a los demás?



La película expone esos ribetes cuasi cómicos entre el deseo y la duda con unos medios muy equilibrados y sin caer en el fantoche. Una historia bonita que nos deja pensando en cómo la sociedad nos exige un comportamiento estándar, igual para todos, aunque quienes recomienden que actuemos de una determinada manera se muestren insatisfechos precisamente con esa manera de actuar. Es como los padres que no se imaginan otras familias sin un televisor como ruido de fondo aunque la caja tonta les cause verdaderos quebraderos de cabeza con sus propios hijos. Una fábula sincera sobre la posibilidad de ser quienes somos, narrada en clave de comedia romántica correcta y efímera de la que entendemos más que lo que ella misma dice, pero a la que podemos recurrir si queremos pasar un rato agradable sin demasiadas aristas trascendentales para llevarnos al salir un rato de cine, y bastante más que el puro placer del aire acondicionado en la sala en estos días de tanto calor. Una cinta que dice poco y se mantiene entre las márgenes de lo que pretende, pero que lo dice correctamente, sin estridencias ni falsas pretensiones.

La delicadeza / La délicatesse.
Francia, 2011.
Directores Stéphane y David Foenkinos.
Con Audrey Tautou, François Damiens, Pio Marmaï, Bruno Todeschini.

Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es

© 2012 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España.

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