13 may. 2012

Mi hijo y yo / Le fils à Jo, de Philippe Guillard

Claudi Etcheverry.



Es la historia de un padre que necesita que su hijo continúe la saga familiar en su amor por el rugby, en una película previsible en absolutamente todo. De películas de padres que intentan que sus hijos hagan o dejen de hacer tenemos varias, desde “Billy Elliot (quiero bailar)” para que no baile, hasta “El luchador”, de Aronofsky, en la que poco importa si le parten la crisma si sigue trayendo dinero a casa. Pero esta del director / actor Guillard (quien por cierto, fue jugador de rugby realmente) es una de esas películas que más que proyectarse, se escurren. Cuando mi padre nos veía mirando algún bodrio en la televisión, se acercaba y bajando un poco la voz, preguntaba en tono de confesión: “¿Se trata de algo?” colaba con ironía, porque había muchos números para que el bodrio simplemente no se tratara de nada.


No es el caso: “Le fils à Jo” sí que se trata de algo, pero es tan superficial que ni siquiera se aprovecha para contar una historia sin ribetes ni para difundir el espíritu de este deporte, un trabajo colectivo y de cohorte casi en las antípodas del fútbol. Detesto el fútbol, pero he llevado bastante bien los partidos de rugby porque son heroicos, tenaces, y por acumulación. Las jugadas no son fruto de una individualidad o de un gesto genial y fugaz, sino que se va ganando terreno al adversario a fuerza de tesón y espíritu de colaboración. No tiene apenas tradición en España, y emociona mucho más que el fútbol. Lamentablemente, no cuenta con esta película para una mayor promoción popular.



La película se desliza inocua, la verdad, y los personajes del guión son de una pobreza solemne. En eso, esconde una sorpresa, y es que algunos actores secundarios roban cámara y pesan por sí mismos casi sin que nadie les haya dicho nada, por ser buenos actores sin más (como la directora del aserradero o el tutor de la escuela). Eso sí: el personaje del tontolabas de Pompon (Vincent Moscato) no solo es secundario sino que casi diría que es prescindible, y no porque un personaje así no diera para más sino porque el guión no ve lo que tenía para dar y se remite a arrinconarlo a un cliché pegajoso y destartalado. Recordemos su equivalente en el papel de Azarías que lleva Paco Rabal en “Los santos inocentes”, al margen del desenlace de aquella cinta que ensalza al tonto a una altura moral, y aquí no. A pesar de que la composición del personaje es la misma, la dimensión del personaje no, y es por obra del guión. O por desgracia.

En rugby no existe el gol, sino que se llaman try o conversión. La verdad es que “Mi hijo y yo” es como un try en contra. Es la primera vez que veo una mesa de rugbylín, o habría que inventarla. A juzgar por esta cinta los jugadores están fijos en el sitio que creyeron que era bueno para cada uno aunque traten de engañarnos con tomas de hojarasca y mucha, mucha cámara lenta cuando la trama no tiene mucho más para decir o el director no se imagina cómo cuernos tiene que hacer para decirlo.

Mi hijo y yo / Le fils à Jo.
Francia, 2012.
Director: Philippe Guillard
Con Gérard Lanvin, Abbes Zahmani, Darren Adams, Karina Lombard.

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© 2011 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España



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