17 may. 2012

Almanya, bienvenidos a Alemania / Almanya, Willkommen in Deutschland, de Yasemin Samdereli

Claudi Etcheverry.




El joven Hüseyin Yilmaz fue uno de los 2,3 millones de turcos que llegaron a Alemania a partir de la década del 50 cuando tras la devastación del país después de la Segunda Guerra Mundial fue necesaria mano de obra para emplearla en el resurgir de la industria. Pero como dijo el escritor suizo Max Frisch, “Pedimos mano de obra y vinieron personas”, y Hüseyin fue uno de esos tantos hombres y mujeres que dejaron sus tierras y se internaron en el camino del extrañamiento para siempre. La película está contada desde la perspectiva de la saga de este hombre en Alemania con protagonistas de tres generaciones: la del patriarca y Fatma, su mujer; la de sus tres hijos Veli, Muhamed y Leyla; y la de sus nietos Canaán y Cenk. Las tradiciones, las costumbres, los orígenes que se van diluyendo, mientras planea el fantasma de la asimilación en la nueva cultura. Sin dramatismos y con buen ritmo, la directora Yasemin Samdereli va hilando escenas de ayer y de hoy hasta que demuestra lo que la película quería decir: que todos somos parte de nuestro pasado y que heredamos el acervo de lo que vivieron nuestros ancestros.


Centrada en narrar los sentimientos de los inmigrantes, la cinta no aborda el fenómeno colateral de la xenofobia porque su discurso es el de los sentimientos personales encontrados, el simple deseo de una vida mejor mientras la nostalgia deja asidas a las personas a un pasado imborrable que en un efecto de perspectiva inversa, más crece cuanto más se aleja. Pero por otra parte, todos los que hemos salido alguna vez del sitio de origen sabemos que al irnos no seremos nunca uno más del país de acogida por mucho que hayamos podido asimilarnos; y ya no seremos del sitio que quedó atrás porque el regreso pronto se revelará como una verdadera fractura entre “ser” y “estar”. La diferencia que “Almanya” describe muy bien estriba en que encontrar perfecto acomodo en el lugar de llegada, incluso sin tener nunca fricciones ni conflictos, no nos hace de allí, porque eso sería negar el origen. Un día, explicando esta idea y como argentino, le decía a un amigo que hay diferencias culturales evidentes, que él se negaba a admitir. Le insistía en que no somos mejores ni peores sino simplemente otros, y que la diferencia es bien real. Al final, encontré el argumento con el cual poder decirle lo que para mí era evidente: “Mafalda –le expuse– ¿podría ser una nena catalana o aragonesa?”. Entonces se rió y finalmente entendió. También le conté que en casa habíamos incorporado la tradición catalana del Tió para que nuestro hijo no fuera el único de su clase que no tuviera esos regalos por Navidad. No era ni una hipocresía ni una impostura, sino el deseo de allanarle el camino con el recurso de la alegría. Pero con Tió o sin él, a solas soy tan argentino como siempre, lo que no impide la amistad, el amor o la integración. El origen es un dato de la identidad aunque algunos lo recorten a hablar un idioma u otro.



En la película, los primeros inmigrantes Fatma y Hüseyin eran unos desconocidos para ellos mismos, añorando su lugar de origen e internándose de a poco en el nuevo país mientras hacían el camino del aprendizaje de esa nueva cultura, idioma y costumbres; al tiempo, sus propios hijos se alejaban de los orígenes y devenían relativos desconocidos para sus propios padres en la medida en que iban incluyéndose en las tradiciones locales y se hacían más alemanes y menos turcos; y al final los nietos, completamente separados de la tradición de origen, regresaban a aquellas señales ancestrales por la vía del afecto para incorporarlas finalmente como el acervo familiar de los abuelos. La figura de la nieta mayor –una excelente Canaán que desempeña la actriz Aylin Tezel– es el mayor exponente de este ciclo, en pareja con un inglés y en el descubrimiento de que la mitad de sus afectos se expresan en gestos turcos. Ella es la maravillosa y enriquecedora prenda de unión del efecto multiplicador del mestizaje porque la chica no son dos mitades sino dos identidades completas y simultáneas.



Temporalmente, la película se encuentra a medio camino entre el destierro e Internet. Los inmigrantes de la primera mitad del siglo XX perdían sus orígenes en seco; los de la mitad de siglo podían plantearse al menos un viaje de visita al origen como el de esta película; y los inmigrantes de hoy tienen el mundo en cualquier punto de conexión a Internet.

Pero la ausencia es la ausencia, y algunas comprobaciones vitales dolorosas o felices nos marcarán aquel extrañamiento siempre. Un refugio es descubrir que patria no es tanto el lugar en que uno nace sino el sitio en que uno imagina para morir, porque los códigos de origen siempre resuenan en nosotros de una manera especial, seamos uruguayos, turcos o senegaleses. Que eso no nos impida hacer una vida feliz no significa que esa cuerda no vibre en algún rincón de nuestra persona, incluso para quienes nieguen su origen o luchen contra él y se decidan a inaugurarse como seres espontáneos ex-novo, porque negar el origen no necesariamente tiene que estar ligado a una nacionalidad, sino que también puede ser el rechazo directo a un grupo familiar. Entre signos de afecto, “Almanya” trata de demostrar justo lo contrario: que si el pasado se ata a nuestros sentimientos, somos parte de una línea de la historia. Sin pasado, o sin historia, es casi seguro que no hay identidad, o al menos habrá una identidad seguramente coja que nos seguirá allá adonde creamos que podemos llegar para escondernos, por mucho que insistamos en negar lo que sin duda todavía late en algún pliegue del alma.

Almanya, bienvenidos a Alemania
Almanya, Willkommen in Deutschland
Alemania, 2011.
Directora: Yasemin Samdereli.
Con Vedat Erincin y Fahri Ögün Yardim como Hüseyin joven y viejo; Lilay Huser y Demet Gül como Fatma joven y vieja; Aykut Kayacik y Aycan Vardar como Veli joven y viejo; Ercan Karacayli y Kaan Aydogdu como Muhamed joven y viejo; Siir Eloglu y Aliya Artuc como Leyla joven y vieja; Aylin Tezel como Canaán; y Rafael Koussouris como el niño Cenk.

Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es
© 2011 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España

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