23 abr. 2012

Pina, de Win Wenders

Invitación a bailar

Miguel Cane

Algunas veces las palabras no son suficientes para describir un filme. Ese es el caso de la sobrecogedora experiencia sensorial que sacude al espectador al ver por primera vez Pina, el formidable documental de Wim Wenders sobre la obra de la célebre balarina y coreógrafa alemana Pina Bausch, que es una de las mejores cintas de 2011 y se estrena, de mano de Canana en un – tristemente – reducido número de salas de México DF esta semana.



Wenders y Pina fueron amigos por más de cuarenta años y por más de una década, ambos prepararon la idea de hacer un filme con coreografías de Pina, donde ella también bailara. Pero el verano de 2009 la artista falleció repentinamente a los 68 años de edad. Aún así, y como una forma de vivir su duelo, Wenders decidió llevar a cabo el proyecto. Imágenes y archivos de audio de la vida de Pina, así como grabaciones en glorioso 3D de los miembros de la compañía, Tanztheater Wüppertal, conforman esta obra maestra, única en su tipo y, probablemente, irrepetible.

Wenders consigue atrapar al espectador desde sus primeras imágenes naturalistas e introducirlo al muy peculiar universo de la coreógrafa. Cada movimiento está medido, cada gota de sudor está calculada, sin embargo, todo parece aleatorio e instintivo. Una mueca o la contracción de un músculo pasan a ser elementos fascinantes. El alma de cada individuo se puede desnudar a través de la danza, el cuerpo es capaz de expresar un pensamiento, un estado de ánimo o una sensación.

Las distintas coreografías que Wenders y Pina eligieron para la película son meros vehículos desde donde los espectadores descubren la dimensión en la que tienen lugar el movimiento y la danza. Una actuación da lugar a otra, cambian los tonos y la estructura humana. Poco a poco. Como el paso de las estaciones. Primavera, verano, otoño e invierno. Agua, viento, fuego y tierra. Porque los bailarines también se entremezclan con los elementos de manera a veces perturbadora y a veces inocente. La luz es otro de los actores principales, tan culpable de la teatralidad de los gestos como las cualidades de los danzantes. La luz y la falta de luz. Todo importa. Como también importa el ruido y el silencio. Aunque en este caso nada sería lo mismo sin las piezas musicales, en su mayoría fuertes y rotundas. Algunas más dulces y otras más agresivas. Cada coreografía colorea un número musical (no al revés) y así surge la plasticidad que dota de una estética envolvente y maravillosa cada imagen capturada.

Pina, evidentemente, no es una película para todos los públicos. Pero es un trabajo de perfección y hermosura que no debe dejar de ser visto (y si se da la oportunidad de verlo en 3D, tanto mejor); homenaje amoroso a un talento deslumbrante: una experiencia fílmica inolvidable, que no se debe desperdiciar. Los vengadores seguirá en cartelera la próxima semana: aproveche y vea ésta antes que desaparezca de pantallas. No se arrepentirá.

Pina
Con: Pina Bausch y la compañía Tanztheater Wüppertal
Dirige: Wim Wenders
Alemania/Reino Unido/Francia
2011



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