2 abr. 2012

Hugo, de Martin Scorsese, por Claudi Etcheverry (02)

Claudi Etcheverry


Hugo Cabret es un niño huérfano que vive solo en su escondrijo de la máquina del reloj en una estación de trenes cuando las máquinas todavía eran de vapor. Desde allí espía la vida como un animalito nocturno y clandestino que apenas se deja ver, sobreviviendo entre pequeños hurtos y guardándose del acecho del Inspector de la estación que está decidido a apresarlo, un cojo estricto que representaría el final de la vida del niño en libertad si le pilla. La estación es un pequeño universo secreto que se mantiene aparte de paseantes y viajeros, y donde unos habitantes permanentes forman una comunidad diaria de floristas, limpiadoras y tenderos. Un antiguo muñeco autómata que Hugo conserva de su padre esconde algún secreto que el niño intenta desentrañar, aunque al descubrir el secreto que encierra la máquina acabará por abrirse a un mundo que nadie esperaba. La hija adoptiva de un tendero conserva una llave que puede abrir el corazón del autómata, y con ese motivo los dos chicos cruzan sus vidas. Hay un diálogo breve que resume la idea de la película: “¡Es un peligro!”, dice la niña. Y Hugo le contesta: “Eso es lo que hace a una aventura”.



John Logan consigue un buen guión en un camino doble, y bien difícil: reduce la novela de Brian Selznick a un gesto mínimo, y construye a partir de esa partícula un gran guión, una operación parecida a sus guiones para “El último samurái” (con Tom Cruise), o “Gladiator” (con Russell Crowe) en las que un tema mínimo da para desarrollar toda la trama. Howard Shore no es un novato de las bandas sonoras, y compone una de esas tramas melódicas que me gustan tanto, que son las que bandas sonoras que consiguen despegarse de la película en la que encajan como obras en sí mismas (tiene La mosca, El silencio de los corderos, Señora Doubtfire, Philadelphia, Ed Wood, The Game, Una terapia peligrosa, El Señor de los Anillos, Spider, La habitación del pánico, entre muchas otras).



Los americanos pueden conseguir que un niño parezca un enano y actúe como un monigote que haga reír a los adultos con diálogos y salidas inverosímiles que solo causan gracia a quienes necesitan reír como maníacos; o personajes hermosos y profundos anclados en historias reales o imaginarias. Asa Butterfield (a quien ya habíamos visto en “El niño del pijama de rayas”) y la increíble Chloë Grace Moretz (impactante en “Déjame entrar”) componen dos chicos deliciosos puestos a surcar de la mano la tarea de destejer el enigma encerrado en la máquina de Hugo. Ben Kingsley, sólido como siempre, da vida a una paradoja real como el cine que Scorsese adora: que la fama acaba por devorar a sus hijos, olvidándolos. Pero Hugo e Isabelle acaban por arrancar el secreto que guarda no el autómata, sino su padre, en una empresa ardua, tenaz, feliz e intensa como es hacer que un adulto enfrente sus dolores para abrirse al placer del recuerdo que tapan. Ben Kingsley es el director Meliès, un ilusionista que alumbró trucos de magia en pantalla cuando el cine no era una industria sino casi un juego de prestidigitación filmado. Scorsese lo recuerda (ahora me parece mentira que yo mismo haya visto de niño esa imagen del cohete a la luna o tantas de Chaplin en mi cine de barrio, viejas también entonces, pero todavía en programas de reposición) y abre en esta película su lado de nostalgia e ilusión. Es americano, pero aquí se descubre su pudor sintiendo como un italiano, y se exhibe en su íntimo placer al poder conservar esos pequeños tesoros efímeros. Y sabe de su propia relevancia como historiador al poder compartirlos.


La película me devolvió la escala que tenía mi propia emoción en el antiguo cine Cervantes, de mi ciudad –con un adorable suelo de madera– en el que todos los chicos pateábamos para hacerlo resonar cuando las escenas de indios o suspense nos ponían incluso a gritarle al héroe para ayudarlo a que no lo sorprendieran. Por suerte, pudimos vivir aquello, tan entusiasmados como ilusos, pero es un grato escondrijo, una metáfora desde la cual podemos pensar que siempre podemos incidir en nuestra historia, aunque la historia se encuentre rodada y presa en un sinfín de cuadritos de celuloide marcados para siempre.

La invención de Hugo / Hugo.
EUA, 2011.
Director: Martin Scorsese.
Con Asa Butterfield, Ben Kingsley, Chloë Grace Moretz, Sacha Baron Cohen.

Opiniones y pareceres a c.etcheverry@coac.es

© 2011 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España


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