3 abr. 2012

Declaración de guerra / La guerre est declarée, de Valérie Donzelli

Claudi Etcheverry



Romeo y Juliette son una parejita joven que vive su vida sin demasiadas preocupaciones. Tienen un niño, pero la realidad les asesta un golpe muy difícil de encajar: el bebé manifiesta una serie de retrasos leves en su desarrollo y otros síntomas que llevan a los padres a plantearse una consulta a un pediatra. La alarma acaba por confirmarse como un pronóstico terrible, ya que el niño tiene una masa tumoral en la base del cerebro adherida al bulbo raquídeo que acabará con su vida si no se toman medidas oportunas, inmediatas, y de alto riesgo. La vida simple y desahogada que llevan se transforma entonces en una guerra contra un destino que parece estar escrito.


Pero si bien la propuesta inicial tenía muchos puntos por donde extender y meter una mirada amplia a este drama, la directora Valérie Donzelli manifiesta una notable ignorancia vital por no haber recorrido las vicisitudes reales, crudas, típicas de las personas afectadas por enfermedades de este jaez. Nadie le pide que haga una película u otra, sino que al cine le pedimos productos acabados en si mismos, sean drama, comedia, o fantasía científica. Lo que perturba es este desarrollo pobre y sin revisión, sin debate previo. No es que la cinta trate de dar gato por liebre porque no banaliza y es respetuosa, pero no se mete en materia ni un ápice más allá de lo puramente obvio. Una o dos visitas a un centro oncológico, o una o dos sesiones a un grupo de ayuda con el corazón abierto y una libreta en la mano daban material para hacer ésta película y varias más. Si no pretendía ser fantástica y se proponía como crónica real, al guión le faltan kilos de investigación, o más fácil todavía: simplemente observación. Porque además, cae en la mirada adocenada y estándar de este drama tan real como cualquier sala de espera en los pabellones oncológicos o pediátricos. Finalmente, la directora (y coguionista junto al actor principal) opta por presentar la lucha de una pareja a través de actitudes y registros que hacen de ellos poco más que dos zafios, o al menos, dos ilusos con acciones propias de un melodrama sin demasiado asidero (verbigracia, la carrera de la madre por dentro del hospital, su desmayo extenuada en un pasillo, y su rescate por un fornido enfermero: todo eso simplemente no existe). En estos casos hay tantas reacciones como enfermos, y tantas manifestaciones como familias, pero pese a las diferencias entre todas ellas, sean las de ahogarse en la derrota como las de huir del drama, uno se da cuenta de cómo son. Si la intención era exponer una de todas esas variedades, la confusión del guión es completa porque no se sabe si apunta a Roma o La Meca.


Como montaje, la directora no se decide por si es carne o pescado. Por una parte, la película se presenta como una crónica directa, pero se confunde y pasa a una narración con un relator en off que explica al espectador lo que éste ya podía ver solito. No maneja los tiempos, los tempos ni los climas, y cae ansiosa en desbocar la tensión de lo peor, por ejemplo, cuando los padres acuden por primera vez al pediatra con una curiosidad leve por saber si lo que observan en el niño tiene o no importancia y traduce la urgencia de llegar a tiempo a un tren con una angustia inexplicable para esa altura del argumento. Es el huevo antes que la gallina, porque ese crescendo debía esperar al siguiente paquete temático cuando el diagnóstico quedara confirmado. Por lo demás, presenta varias tomas de la pareja y unos amigos pintando un piso adonde quieren mudarse, pero pese a que el tiempo pasa, la pared que pintan es siempre la misma. La escapada de los tres del hospital es de mímica; la reunión de los médicos, de culebrón; el acceso de las dos familias, de tontos; y la escena final, de cartón. El actor que hace de padre y la pediatra que acerca el diagnóstico excluyente (la misma consistente actriz secundaria Anne le Ny, asistente del parapléjico de “Intocable”) son buenos intérpretes a pesar de la mala dirección. Simplemente lo son, esas personas que destellan expresión actoral siempre por simple presencia.


Una pena desbaratar así un motivo simple que daba para mucho. Los que hemos pasado de cerca situaciones como ésta sabemos de primera mano que las reacciones son otras, no porque el tipo de reacción sea único sino por el calado abismal que atraviesa a la gente. La algarabía de estos dos padres se hace simplemente inexplicable, y no es un recurso del guión para mostrar que así expresan su rabia. De reacciones, las hay muy diversas, pero la contundencia de la muerte llamando a la puerta en la cabeza de un bebé no da para estas alegrías. Una cosa es tratar de mantener el equilibrio en medio de la tempestad, y otra muy distinta es una pareja que parece estar colgada entre las nubes, aunque para salir en la foto, el guión intercale reflexiones universales de valor casi literario como para dejar conformes a los grupos de afectados.

¿En qué quedamos, Donzelli?


Declaración de guerra / La guerre est declarée.
Francia, 2012.
Directora: Valérie Donzelli; con la directora en el papel principal, Jérémie Elkaïm, Anne le Ny.


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© 2011 Claudi Etcheverry, Sant Cugat del Vallès, Catalunya, Espanya-España




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