11 mar. 2012

Shame, de Steve McQueen

Al desnudo

Miguel Cane


A todas luces, la vida de Brandon Sullivan (Michael Fassbender) es ideal y hasta cierto punto, aspiracional: tiene un trabajo que le permite ganar mucho dinero, en Wall Street. Es dueño de su propio apartamento en Manhattan. Tiene amigos y es popular entre las chicas. Pero cuando uno mira más de cerca, descubre que detrás de su fachada, el mundo de Sullivan se viene abajo poco a poco, mientras él busca satisfacción a su vacío existencial hundiéndose en un torrente de pieles ajenas. La abrupta llegada de Sissy (Carey Mulligan) su hermana menor, cantante de cabaret de carácter volátil y desparpajo existencial, afectará el delicado equilibrio que hay entre las dos existencias de Sullivan: por un lado una vida aparentemente perfecta y por el otro su adicción al sexo, que es cada vez más insaciable y hasta peligrosa.



Con un estilo completamente desprovisto de sensacionalismo (y sensiblería) Steve McQueen – sí, el cineasta es homónimo del ídolo de los 60 y 70 – aborda los elementos de su historia, quitándole capas para ver cómo se incrementa la angustia de su personaje conforme va perdiendo el control que antes tenía de sus rituales secretos (ver pornografía en Internet, visitar burdeles subrepticios, levantar chicas en bares) se desmorona, dejándolo ver tal cual es, con su sordidez y crudeza.



Fassbender se presta, sin preámbulos a interpretar a un personaje que cae en picado, que no puede aunque lo intente, conectar emocionalmente con cualquier otro personaje y lo hace con una entrega extraordinaria: posiblemente ésta sea la interpretación más valiente y dolorosa de su carrera desde Hambre (también de McQueen) y una de las más notables en la última década: al estar completamente desnudo, no tiene dónde esconderse, especialmente de sí mismo: el horror y asco que siente ante las compulsiones que lo dominan (algo que va in crescendo hasta un clímax abrumador) son equiparables a la urgencia que siente para enredarse con lo que sea.

Por su parte, Miss Mulligan hace de un papel pequeño, algo crucial, especialmente en un momento musical en que interpreta New York, New York con un desgarro emocional que pinta a su personaje de cuerpo entero como un opuesto al de Fassbender, que es incapaz de demostrar emoción, si bien tienen muchos elementos en común en el fondo.



Sin hacerle ascos a lo brutal y mostrándolo con honestidad, sin sucumbir y de hecho, rehuyendo a los compromisos gazmoños que habitualmente el público espera en un final con redención, Shame provoca en el espectador diversas reacciones, pero es incapaz de dejarlo indiferente. El pudor al que refiere el título es una emoción prevalente; sentimos vergüenza (igual que Sullivan) de la situación y esto horroriza y también identifica al espectador con el personaje. No es de ninguna manera una película simple de ver y es un filme para adultos hecho por adultos. Altamente recomendable, y una vez vista, es imposible quitarle los ojos de encima, como también es, sacársela de la cabeza., y eso es lo que la hace una gran pieza de cine contemporáneo.

Shame
Con Michael Fassbender, Carey Mulligan, Nicole Beharie y James Badge Dale
Dirige: Steve McQueen
EU/Reino Unido 2011



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