6 nov. 2008

Todas las fiestas de mañana, novela Miguel Cane - Patricia Farías

Por Patricia Farías


No es algo frecuente en estos tiempos, al menos para mí, el encontrar un libro que no pueda dejar más que por obligación, hasta terminarlo. Y no es frecuente si se tiene el hábito de la lectura (aunque se lea de todo, dándole a cada cosa que uno lee su peso relativo), llega un momento en que pocas novelas nos atrapan de esa forma. Al final parece inevitable criticar lo que uno lee a medida que se avanza, encontrando detalles que nos distraen de la trama en sí. Cuando se lee entregado por entero y sin pararse a buscar esos detalles, ya de por sí es una experiencia diferente.

Encontrar una novela que de ningún modo se pueda dejar es entonces, un placer inesperado. Todas las Fiestas de Mañana me produjo ese placer, y no sólo ese, sino también el de ser una novela de la cual es difícil desligarse una vez que se llega a su última página. La cerramos con pena por despedirnos de los personajes que quedan entre sus páginas.

El argumento es aparentemente sencillo: cuatro personas se ven envueltas en una situación violentísima, a la salida de una de tantas fiestas. Luciano Reed recuerda, o trata de recordar, los detalles de esa situación aunque la experiencia le es muy dolorosa: tiene miedo, no quiere ver y recordar. De su mano vamos conociendo a los cuatro personajes y cómo llegaron a ese momento donde todo cambia irreparablemente en sus vidas. Mientras Luciano logra recordar, nosotros somos introducidos en la historia.

Si bien esta es la primera novela publicada por Miguel Cane, es obvio que no es lo primero que escribe, y muchos de quienes lean este texto ya estarán familiarizados con otros textos de él. Es particularmente obvio el oficio que Miguel Cane despliega en esta novela así como cuánto (en más de un sentido) hay de sí mismo en ella, y esto incluye particularmente su conocimiento de los recursos cinematográficos, que no podían ser ajenos a su forma de estructurar este relato. Ya lo han comentado: esta novela tiene mucho de película, y si bien decir esto no es nada nuevo ya, sí puede serlo agregar que como lectores, la estructura elegida nos obliga a leer muy atentamente todo lo que se nos presenta. Tanto los flash-backs como algunas frases que quedan por el camino, como perdidas, y en realidad son pistas que el autor va dejándonos para luego volver a ellas, obligan a una lectura atenta. Sólo con una relectura podemos apreciar con cuánto cuidado y deliberación son sembradas esas pistas, a veces en la forma de frases aparentemente inocentes, pero que van delineando y definiendo, aunque aún no lo podamos ver -por ejemplo- a un personaje que se maquilla con destreza, como esgrimista.



Estos personajes, además, son tan perfectamente reales y humanos, que no nos resultan ajenos y podemos identificarnos con alguno o con alguna faceta de cualquiera de ellos. En la contratapa de la novela Sergio Zurita dice que los personajes de Miguel Cane dependen de la gentileza de los extraños. Sacando esa frase del contexto al que hace referencia, yo agregaría que dependen de que nosotros, los extraños-lectores, seamos capaces de reconocernos en ellos. Cualquiera conoce a alguien con los dolores, las inseguridades, los sentimientos, los defectos o las cualidades de los personajes de Miguel Cane. Cualquiera de nosotros puede verse en ellos, sobre todo si podemos, gentilmente, dejar cualquier prejuicio de lado.

Los lectores además, somos conducidos de tal modo que cómodamente caemos en lugares comunes que llevamos impresos y que se nos ofrecen como señuelo, y de esos lugares comunes el autor nos saca de un plumazo, para mostrarnos que muchas veces las cosas son mucho más complejas de lo que parecen. Todas las Fiestas de Mañana habla de las (siempre) intrincadas relaciones humanas: habla de sentimientos, de demonios y dolores internos y de amores y desamores, y por eso el lector es alcanzado por su lectura.

Cada cual lleva adentro su propio infierno o su propio paraíso y al igual que los personajes, muchas veces hemos tenido que vernos tal cual somos, aunque la visión no sea la más agradable para nosotros. Tal como Luciano Reed y sus amigos, muchas veces debemos seguir adelante sabiendo que no somos tan extraordinarios o altruístas como podríamos creer, y aún así, aceptarnos como somos. Si jugáramos al fin del mundo, nadie sabe realmente cuál sería su reacción…

Mientras la trama Todas las Fiestas de Mañana avanza rápidamente, os lectores acompañamos a esos cuatro personajes que van cambiando y dejando en algún caso de ser gente sola que busca una fiesta, para encontrar finalmente su propio camino. Y por nuestra parte, nosotros tampoco somos los mismos después de leerla. En algún caso podremos decir al leer alguna frase, tal como el propio Miguel Cane dice: esto que me dices, ahora ya lo sé; en otros casos la experiencia es de descubrimiento.

No es fácil alejarse de esta primera novela de Miguel Cane. Se queda con nosotros y ahí permanece, se siguen escuchando los ecos de algunas de sus frases. Y eso es justamente, otro de los placeres de su lectura: sabernos diferentes a partir de esas palabras que Miguel Cane ha dejado salir al mundo por primera vez. Como él mismo ha dicho, ahora esta novela ha dejado de ser suya, para ser de todos nosotros. Ahí está también para ustedes, disfrútenla, están invitados a la fiesta de leerla.

Ciudad de la Costa, Uruguay – Mayo de 2007
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